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LIbro: ¡No es una estafa! Es una crisis (de civilización)

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¡No es una estafa! Es una crisis (de civilización)

Emilio Santiago Muiño

Prologo de Jorge Riechmann

Editorial: Enclave

Rústica con solapas

292 páginas

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16,00 €

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Un conocimiento básico sobre el estado de la cuestión energética es suficiente para
determinar, con solvencia, que de esta crisis no se puede salir según los parámetros
habituales a los que la economía nos ha acostumbrado en los últimos 250 años. Y si
ampliamos la mirada más allá de la energía, esta afirmación no hace sino coger más
fuerza. Sencillamente, la era del crecimiento económico, al menos de un crecimiento
económico global y simultáneo en todas las regiones del planeta, se ha terminado. O está
presentando, a lo sumo, los últimos estertores de su agonía.
El libro, tras una primera parte dedicada específicamente al pico del petróleo y a una
puesta en situación de las energías fósiles y alternativas, ahonda en el análisis de la crisis
civilizatoria en curso, y en sus vertientes y oportunidades políticas.
Aunque la crisis de civilización y su impacto se calibran en lenguaje energético, no son
producto de un problema energético. El agotamiento del petróleo se presenta como una
grave encrucijada solo en relación al modelo de sociedad imperante. La fractura
metabólica capitalista no es simplemente una ruptura con los principios más básicos de
la termodinámica. Es también un divorcio de nuestros sistemas de pensamiento respecto
a la realidad, la razón y el sentido común. Y sobre todo, el resultado de un proceso
histórico de extravío y degradación de nuestros vínculos sociales: la aparición de
sociedades de mercado autorregulado, donde cada vez más la vida social es reducida a
un intercambio incesante de riqueza abstracta (dinero) en términos competitivos. Es el
imperativo capitalista de transformar toda riqueza real en riqueza abstracta, de hacer
pasar todo lo que puede servir para satisfacer necesidades humanas por unos
parámetros de rentabilidad y productividad que son impuestos de forma anónima y
coercitiva por la competencia, lo que obliga a cada agente económico a obtener
beneficios o morir.
El socialismo que tenemos que construir es un socialismo sustancialmente distinto. De
primeras, debe estar ecológicamente fundamentado, con la mirada puesta en la
sostenibilidad, y ser por tanto un eco-socialismo. También debe aceptar, como sustrato
político fundamental, la extensión del pluralismo, de la participación democrática directa y
la organización autogestionaria de abajo-arriba en todo el orden social. Ser por tanto un
eco-socialismo de fuerte inspiración libertaria.